Esta serie
nació sin permiso.
No fue pensada. No fue proyectada.
Pandemia 2020 emergió como un modo de sostenerme.
Durante los
primeros meses del aislamiento, viví solo, a bordo de mi velero Sylene,
varado en el club San Fernando.
Mientras todo se detenía, el agua seguía allí: inmóvil pero viva.
Y yo también, inmóvil pero vivo.
No podía
navegar, pero podía pintar. Y eso hice.
Me aferré a
materiales que estaban a mano: pigmentos, pintura asfáltica, tierra, cal,
restos de vela náutica.
Trabajé sobre soportes irregulares, sobre velas que habían cruzado ríos y ahora
sostenían el gesto pictórico de alguien que necesitaba decir algo sin palabras.
Las obras no
hablan del virus. No ilustran el encierro.
Son huellas. Son rastros de una vivencia psíquica y física: estar aislado,
resistir, mirar adentro y no entender nada.
Pinté porque era lo único que me ordenaba. Pinté de pie, sobre cubierta, con
frío, con miedo, con rabia y con silencio.
No pinté la
pandemia. Pinté lo que la pandemia me hizo ver.
Obras destacadas de la serie:
-
Expansión silente
Pintada sobre una vela del Sylene. Óxido, blanco y tierra. Una energía contenida que se filtra. -
Vigilias de cuarentena
Grandes dimensiones. Óleo y pigmento. Pintada sin horario, entre noche y madrugada. -
Inmersión
Acuarela oscura. Es la más íntima, la más callada. -
Contagio emocional
Gesto brutal, azul profundo. Caos matérico. Ritmo nervioso.
Salvaje Indómito no es solo un seudónimo. Es una manera de entender lo pictórico como supervivencia, como respuesta primitiva, como lenguaje más allá del lenguaje.
Gracias por leer.
Gracias por mirar.

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