Durante el
encierro, el tiempo perdió forma.
Los horarios dejaron de tener sentido. El cuerpo ya no respondía a lo habitual.
Pintaba de noche, guiado por la luna y el silencio del río.
Noches largas, sin certeza de principio ni de fin, donde el momento creativo se
condensaba como una vigilia flotante.
Esta obra
nació en esa suspensión.
Las capas de óleo se superponen como si buscaran retener algo que se escapa.
Hay zonas que velan y zonas que revelan.
Es una obra de tránsito, entre el insomnio y la contemplación.

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