lunes, 23 de junio de 2025

Salvaje Indómito – La naturaleza no fue confinada




 

Durante el aislamiento, las ciudades se apagaron.
El tránsito desapareció, los relojes se volvieron decorativos, los ruidos mecánicos cedieron.
Y en ese silencio, la naturaleza habló.

El río siguió su curso sin ser interrumpido.
El viento sopló sin horarios.
Las aves no respetaron la cuarentena.
La luna no pidió permiso para reflejarse.

Mientras lo humano se detenía, la tierra respiró.
El encierro fue para nosotros, no para ella.

Desde el velero —varado pero vivo— vi al río recuperar su forma.
Vi peces donde antes no se animaban.
Vi al cielo más limpio, sin humo ni pantallas.
Vi a la tierra asomarse con una voz que no necesita traductores.

Eso fue un umbral.
Un momento entre dos estados.
Una frontera sin rejas, donde la naturaleza dejó de ser fondo y volvió a ser protagonista.


Ahí entendí por qué elegí llamarme Salvaje Indómito.

Porque no me interesa representar la naturaleza domesticada.
Porque mi pintura no busca ordenar el caos, sino habitarlo.
Porque no vine a embellecer lo visible, sino a decir lo invisible con materia.

Pintar fue mi forma de responder a esa voz que se coló en las madrugadas,
cuando todo estaba en pausa, y el río seguía su curso.

No pinté para ilustrar la pandemia.
Pinté para no perder esa conexión primaria, salvaje, anterior al lenguaje.

Salvaje Indómito no es un estilo.
Es un lugar desde el cual no quiero salir.
Es un gesto que no acepta reloj ni encierro.
Es mi forma de resistir sin ruido, pero con forma.

 

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